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¿Son afrodisíacas las ostras?

ostras

En el siglo XVIII, según cuenta la leyenda, Casanova confiaba tanto en el poder estimulante de las ostras, que podía comer cincuenta ostras crudas para desayunar, supuestamente para no desfallecer después. Cuentan que también seducía a sus amantes ofreciéndoles este molusco con su propia boca.

El marisco en general es considerado el afrodiasíaco por excelencia y las ostras, en concreto, son las que se llevan casi toda la fama.
¿Hay algo de verdad en esto o es sólo un mito?

Las ostras son, con diferencia, el alimento con más zinc de la naturaleza. Por cada 100 gramos encontramos 63 miligramos de zinc. Una cantidad más que relevante si tenemos en cuenta que algunos de los alimentos con mayor aporte de zinc no superan los 10 miligramos por cada 100 gramos. El zinc es uno de los nutrientes requeridos para que los hombres produzcan testosterona, es también el responsable de la madurez sexual y de que aumente la producción de espermatozoides. Y el déficit de zinc, según algunos estudios, provoca apatía sexual. Este puede ser uno de los motivos, de que las ostras tengan esta fama de afrodisíacos.

Ahora bien, algunos expertos aseguran, que si el hecho de comer ostras aumenta nuestro apetito sexual de golpe, se trataría solamente de un efecto placebo, debido a nuestra sugestión por la creencia popular de que son u afrodisíacas. Esos mismos expertos, indican que habría que comer una cantidad exagerada de ostras para que se pudiera producir ese efecto en el organismo y, aún así, tendríamos que esperar 7 u 8 horas para que el organismo metabolizara el alimento.

Aún en el caso de que el efecto afrodisíaco sea simplemente un mito hay muchas razones más para comer ostras. La principal su sabor. La segunda, lo nutritivas que son, pues se trata de un alimento rico zinc, como indicamos antes, en yodo y vitamina B12, minerales esenciales para una vida saludable.

La abundancia de yodo que tienen las ostras nos ayuda a regular nuestro nivel de energía, el correcto funcionamiento de las células, el nivel de colesterol, a procesar los hidratos de carbono, fortalecer el cabello, la piel y las uñas.
Su alto contenido en zinc facilita a nuestro organismo la asimilación y el almacenamiento de la insulina.

La conclusión es que hay razones de sobra para disfrutar de unas buenas ostras… y no solo para desayunar.

Cómo abrir ostras

Nuestras ostras

Nuestras ostras

Mucha gente evita comprar ostras para comer en su casa por miedo a no saber abrirlas o pensando que no tienen los utensilios adecuados. Pero lo cierto es que es más sencillo de lo que parece y, una vez cogida la práctica, no presenta ningún problema.

Hay cuchillos especiales para ostras, tienen el asa gruesa y la hoja corta, con filo por los dos lados. Si se tiene uno, lo utilizamos, claro; pero si no se dispone de él, nos va a valer cualquier cuchillo que tengamos en casa, eso sí, que sea de hoja corta y resistente.

Para empezar y para evitar cortes, nos cubriremos con un paño o guante de cocina la mano con la que vamos a sujetar la ostra. Si somos diestros, la mano izquierda y si somos zurdos, la derecha. Sujetamos la ostra con la parte plana hacia arriba.

Buscamos una ranura entre las dos conchas de la ostra (mejor si es donde se unen las dos valvas) e introducimos por ahí el cuchillo. Lo movemos hacia los lados en paralelo a la concha, con el fin de separar el músculo de la ostra de la valva. Después hacemos palanca con el cuchillo (lo giramos como una llave) y las conchas se tendrían que separar sin problema.

TRUCO: Para facilitar más la apertura, podemos enjuagar las ostras, meterlas en una bolsa de plástico y guardarlas en el congelador, una hora antes de ser servidas. A la media hora, las sacamos y las abrimos como os explicamos antes.